Cada día sabemos más y entendemos menos.

A. Einstein

El anhelo por ser mejor.

Publicado Por el 1 mar, 2012

Sentir que el tiempo pasa como el imparable curso de un río es un sentimiento que logra aplacarme.

Tener la sensación de no haber aprovechado suficientemente el tiempo, de haber sido víctima de mi propia desazón. Ser sujeto de mi zozobra, de falta de determinación. Ver que lleno mi vida de nimiedad, que tal vez esté perdiendo una oportunidad. De ahí la obsesión por la virtud.

Esa virtud clásica, tan platónica y aristotélica, de aquellos hombres que gobernaban cada segundo de sus vidas. No daban puntada sin hilo y se mantenían firmes y enrocados sobre su proyecto vital. Ser capaz de actuar siempre conforme a tus ideales, coherente con tu concepción de la vida. Lograr una armonía vital, ser vida pitagórica. No puedo reprimir mi envidia por los sujetos clásicos, por un modo de comprender la existencia que trascendía su condición material, ser consciente de que la vida, es continuo construir. Una decisión constante, inapelable e inaplazable.

Pero soy hijo de mi tiempo, del bien instantáneo y del olvido personal. Hijo de una época que difumina al yo y lo convierte en un impersonal todos, que carece de voluntad propia y no llega nunca a buen puerto, porque jamás llegó a zarpar. Ser la fútil veleta de un viento sin dirección, que lleva a ninguna parte, que obvia todo lo importante.

Los clásicos edificaban su vida sobre inquebrantable mármol, de su día a día hacían el cincel que poco a poco esculpía su propia escultura. Mi tiempo ha escogido la facilidad de la arcilla, su maleabilidad, que una vez seca, se convierte en un proyecto quebradizo, en obra de un artista mediocre.

Y como tales hijos, nos mezclamos y nos unificamos. Preferimos la comodidad de no pensar, de quejarnos de nuestras complicaciones. De creer que hemos hecho suficiente y que merecemos un descanso, que todo lo que debíamos hacer ya está hecho. Ser ignorantes hasta la extenuación y transformarlo en nuestra vanagloria. Nos persuadimos de que es normal estar cansado, de que ha sido suficiente por hoy. Mas nuestra vida es mera ineptitud. Es ausencia de empíreo.

Cruzar la frontera del conformismo y enquistarse en la pereza, en abandonarse. No ser hombres de palabra, sino el producto de otros. Dejarnos llevar como si fuéramos ganado, enterrar nuestra humanidad y ser dóciles iletrados. Carentes de virtud, vilipendiando el conocimiento; una suerte de borregos.

Lo peor, hacerlo todo en pro de la opinión de los demás, para satisfacerles. Ser tan inútil y no ver que te arrastran, que te conviertes en despreciable.

Maldita ignorancia.

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Sentimientos.

Publicado Por el 5 ene, 2012

¡Qué agudo un sentimiento!

La parte más ambigua del hombre, a la vez humana y espiritual. Tan arraigada en lo profundo de un ser que no se le puede separar de él, y sin embargo ¿quién ha tocado un sentimiento? Mas sabemos de su existencia, penetrante e intemporal. No cesan de subsistir, bien causan dolor o paz, quietud o ira.

Es una verdad indemostrable, pero no es cuestión de fe, porque un sentimiento lo palpamos, como quien en noche oscura acaricia los objetos que le rodean. Un sentimiento no se muestra con claridad pero sin verlo, lo sientes profundamente tuyo, sin que tenga manifestación corpórea se vislumbra en aquél que se te muestra cerca. Pero lo cierto es que siempre es tan genuino, que nunca deja de ser propio, sientes amor y amor sentirá por ti quien de ti lo recibe, mas el sentimiento que provoca es un pálido reflejo del original. El amor que tú tienes sólo tiene sentido en ti mismo, jamás existirá una réplica exacta de tu sentimiento.

Los sentimientos son tan absolutamente embriagadores que aun siendo únicamente humanos, parecen trascender la condición material de éste. Un sentimiento es más que un producto humano, ha de ser también obra de un yo espiritual. Conocemos su importancia y la respetamos como la parte más íntegra de las personas, aunque no constituyen ninguna parte, porque bien sabemos que no tienen manifestación por sí mismos.

La realidad de los sentimientos es desconcertante, están pero no están. Son pero no son. En cambio, nadie es humano sin sentimientos, y la belleza que encarnan sobrepasa los límites de la inteligencia. No pueden explicarse más que con circunloquios, pero son fuego ardiente, te pertenecen pero no sabes cómo. Y al mismo tiempo, si son puros, nos elevan a la más alta categoría, nos hacen ejemplares pero al mismo tiempo simples, son complejos de explicar pero extremadamente sencillos en su manifestación. Es llama viva.

Siempre sentimos, empero nunca de la misma forma. En este sentido, jamás vivimos un vacío de sentimientos pero hay algunos sentimientos que producen el mayor vacío —quien se siente solo, siente algo (por lo tanto no vive vacío de sentimientos) pero siente que no siente nada—. Son pura incertidumbre.

Indómito compañero de existencia, fiel guardián de lo más íntimo, son en sí lo más íntimo. Cuando se resumen en felicidad vives el ensueño de capturarlo, enfrascarlo y poder gastarlo en pequeñas dosis, administrarlo como la más preciada hacienda. Si eres feliz, quieres serlo para siempre y eso acaba con la misma felicidad. Es y no es.

¡Qué agudo un sentimiento!

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Renacimiento

Publicado Por el 1 ene, 2012

Galerías del alma… ¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva…
¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano,
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre… Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.

En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan,
lo que el silbar del viento cuando sopla,
o el sonar de las aguas cuando ruedan.

 

Soledades, Galerías y otros poemas, A. Machado.

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