“Cada día sabemos más y entendemos menos.”
A. Einstein
¡Qué agudo un sentimiento!
La parte más ambigua del hombre, a la vez humana y espiritual. Tan arraigada en lo profundo de un ser que no se le puede separar de él, y sin embargo ¿quién ha tocado un sentimiento? Mas sabemos de su existencia, penetrante e intemporal. No cesan de subsistir, bien causan dolor o paz, quietud o ira.
Es una verdad indemostrable, pero no es cuestión de fe, porque un sentimiento lo palpamos, como quien en noche oscura acaricia los objetos que le rodean. Un sentimiento no se muestra con claridad pero sin verlo, lo sientes profundamente tuyo, sin que tenga manifestación corpórea se vislumbra en aquél que se te muestra cerca. Pero lo cierto es que siempre es tan genuino, que nunca deja de ser propio, sientes amor y amor sentirá por ti quien de ti lo recibe, mas el sentimiento que provoca es un pálido reflejo del original. El amor que tú tienes sólo tiene sentido en ti mismo, jamás existirá una réplica exacta de tu sentimiento.
Los sentimientos son tan absolutamente embriagadores que aun siendo únicamente humanos, parecen trascender la condición material de éste. Un sentimiento es más que un producto humano, ha de ser también obra de un yo espiritual. Conocemos su importancia y la respetamos como la parte más íntegra de las personas, aunque no constituyen ninguna parte, porque bien sabemos que no tienen manifestación por sí mismos.
La realidad de los sentimientos es desconcertante, están pero no están. Son pero no son. En cambio, nadie es humano sin sentimientos, y la belleza que encarnan sobrepasa los límites de la inteligencia. No pueden explicarse más que con circunloquios, pero son fuego ardiente, te pertenecen pero no sabes cómo. Y al mismo tiempo, si son puros, nos elevan a la más alta categoría, nos hacen ejemplares pero al mismo tiempo simples, son complejos de explicar pero extremadamente sencillos en su manifestación. Es llama viva.
Siempre sentimos, empero nunca de la misma forma. En este sentido, jamás vivimos un vacío de sentimientos pero hay algunos sentimientos que producen el mayor vacío —quien se siente solo, siente algo (por lo tanto no vive vacío de sentimientos) pero siente que no siente nada—. Son pura incertidumbre.
Indómito compañero de existencia, fiel guardián de lo más íntimo, son en sí lo más íntimo. Cuando se resumen en felicidad vives el ensueño de capturarlo, enfrascarlo y poder gastarlo en pequeñas dosis, administrarlo como la más preciada hacienda. Si eres feliz, quieres serlo para siempre y eso acaba con la misma felicidad. Es y no es.
¡Qué agudo un sentimiento!
Artículo completoGalerías del alma… ¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva…
¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano,
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre… Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.
En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan,
lo que el silbar del viento cuando sopla,
o el sonar de las aguas cuando ruedan.
Soledades, Galerías y otros poemas, A. Machado.
Artículo completoNos encanta la información. Mostramos fascinación cuando indagamos más y más en aquello que capta nuestra atención, pero esto no es nuevo, la pasión es condición humana intemporal. Las nuevas tecnologías han llegado para satisfacer la insaciable necesidad de saber, Internet abre un camino sin retorno al más vasto conocimiento.
Desde 2005 somos testigos de que esta realidad ha aumentado exponencialmente, con la venida de las redes sociales, la información —ya no sólo de tipo sapiencial— ha copado las mejores horas de nuestros días. En Twitter se genera una media de 600 tweets por segundo, alcanzando el récord el 5 de octubre de este año con la muerte de Steve Jobs, fecha en la que se produjeron más de 10.000 tweets por segundo. El 28% de los poseedores de un iPhone —y cuenta en Twitter o Facebook— entran en una de estas redes sociales antes de salir de la cama por la mañana. Hábito que se repite durante el período nocturno, ya que al menos la mitad de los usuarios de lo social se acuesta comprobando su actividad en las respectivas redes y muchos vuelven a hacerlo si se despiertan durante la noche. 1
No debemos perder de vista que el problema no sólo nos afecta a quienes somos sinceros adeptos de las redes sociales, sino también a muchos otros que sin dar importancia a la presencia social online no pueden abandonar la necesidad de estar “conectado” a los diversos medios de comunicación, digitales o no. La avalancha de información es imparable, desde la primerísima hora de la mañana somos susceptibles de absorber el máximo posible de noticias. Comenzamos el día enchufados a la televisión y las últimas nuevas, continuamos con el repaso de los periódicos y revistas más influyentes. Los blogs tampoco se escapan de nuestro interés. Multitud de datos inconexos luchan por ser lo suficientemente atractivos para hacerse un hueco en nuestra rutina. En el fondo, es un estilo de vida basado en saber poco de muchas cosas y en el desprecio de un conocimiento más profundo y real.
El problema no se limita solamente a un conocimiento más constreñido, sino también a una vida quizá más mediocre. Dejar que la vida online cope lo mejor de nuestra vida “real” es un atentado contra nosotros mismos. Las horas de sueño se reducen al mismo ritmo que empeoran y colmamos nuestra mente de ideas que no conducen a ningún conocimiento más importante.
Tal vez esta situación responda no sólo a una nueva coyuntura social (un desarrollo tecnológico y comunicativo sin precedentes), sino también a un empeoramiento en la capacidad de introspección personal. No señalemos únicamente a quienes se pasan interminables horas delante de una pantalla de ordenador, además, hay muchos otros que intentan llenar un vacío interior con contenidos de dudosa calidad. Se trata de quienes ante una imparable ociosidad se dan al consumo masivo de programas de televisión deleznables. En el fondo se trata de una válvula de escape para un problema que todos —en mayor o menor medida— compartimos: la insatisfacción personal. Postrar nuestros problemas y nuestras ambiciones para momentos más proclives es abandonarse definitivamente, no hay mejor momento que el actual para realizar lo que debes hacer.
Ante tal exceso de información y la consecuente intoxicación a la que estamos sometidos, sólo veo dos posibilidades factibles:
En primer lugar, es la oportunidad de oro de los periodistas, de quienes realmente han sido preparados para seleccionar y crear información de calidad. Tienen ante sí (si saben cómo enfrentarse a la nueva era) una gran responsabilidad, empezar a hacer el trabajo que el resto no estamos capacitados. Yo mismo sería feliz si pudiera recibir diariamente un número máximo (digerible por otra parte) de noticias e información de interés real. Si pago por que alguien solucione un problema mecánico en un coche, ¿cómo no iba a pagar porque alguien me evite el problema de seleccionar la información que necesito? Sería una labor mucho más integral de lo que conocemos hoy en día a través de los periódicos, gestionaría tanto las redes sociales como las noticias. Sería el esfuerzo combinado de la capacidad intelectual humana con las oportunidades que crean el nuevo entorno digital.
Se trata de sólo tener que “enfrentarse” a la información en el momento que uno esté dispuesto a hacerlo, sabiendo que no son piezas de información más que prescindible.
En segundo lugar, no podemos apelar más que a nuestra responsabilidad individual. Es el momento de que retomemos las riendas de nuestra vida y abandonemos la pereza y la facilidad por aquello que pueda llenar (esta vez sí) nuestra vida de sentido. Que Twitter, Facebook y la televisión no sean la prioridad en nuestros momentos libres, sino que un buen libro ocupe este lugar. Debemos aprovechar las oportunidades que tenemos para aumentar nuestro saber y utilizar el entorno digital como lanzadera a este conocimiento real y verdaderamente imprescindible. Todos tenemos algo que aportar a Internet, dicho de otra manera, todos tenemos algo que aportarnos unos a otros, pero es nuestra obligación hacerlo sirviendo a la verdad y sin desviarse de la intención primera: crecer como personas para desarrollarnos como civilización.
1. Estudio realizado por Retrevo. ↑
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