Publicado Por Luis Ignacio Díaz el 30 jun, 2010
Que alguien me lo explique, por favor.
Esos niños de 9 y 12 años son los hijos del archiconocido Will Smith. La fotografía la ví en el Semanal de este fin de semana que redactaba así la noticia:
Y creíamos que lo de Suri era insuperable
Él se llama Jaden Smith y ya había tenido un papel destacado en En busca de la felicidad, película que coprotagonizaba con su padre, Will Smith, hace tres años. Ahora es el protagonista de una nueva versión de Karate Kid, con Jackie Chan, y de esta guisa se presentó al estreno de la cinta. Como a sus progenitores les debió de parecer que a sus 12 años era pronto para aparecer con su novia, lo hizo con su hermana Willow, de nueve años. Y así, con gafas de sol, pieles, sofisticados complementos y elaborado esilismo capilar pisaron la alfombra roja. Sin duda le están haciendo una dura competencia a los hijos de Angelina Jolie y Brad Pitt, especialmente a Madoxx, un referente de la moda sin todavía haber hecho ni un cameo en el cine, y a Suri, la hija de Tom Cruise y Kate Holmes, que a sus cuatro años ya rivaliza con Sarah Jessica Parker.
El único adjetivo fino que me ronda la cabeza es deleznable. ¿Imaginarán sus padres el daño irreparable que le están causando a sus hijos? ¿A qué pueden aspirar estos niños que lo tienen todo al alcance de su mano con tan solo 9 años?
Sinceramente me compadezco de ellos, son unos desgraciados. Perderán lo más maravilloso de su vida –la infancia- y además, su adultez tampoco será muy diferente. No estoy hablando de nada extraño, ahí están los casos de Macaulay Culkin (actor de Sólo en casa), Drew Barrymore (la niña de ET) y muchos otros casos que irremediablemente me darán la razón.
También me preocupa el ejemplo que dan, imagínense que todos los niños quisieran ser como las estrellas actuales, ¿qué sería de nuestro futuro? Mucho han cambiado las cosas desde que los niños se divertían viendo a Heidi u otros por televisión, ahora, lo que se vomita en televisión es una verdadera pamema, en la cual la mayoría de los protagonistas son capaces de vender hasta a su madre, insultarla y creer que eso es ser un niño/a moderno.
Un reflejo más de nuestra sociedad, del cual (y tal vez esto no siente bien) los padres son copartícipes, porque esos programas tienen audiencia y no olvidemos que forjan indeleblemente la personalidad del niño.