Publicado Por Luis Ignacio Díaz el 23 may, 2011
El quince de mayo surgió el movimiento reivindicativo ¡Democracia Real Ya!, acompañado de otras consignas como No Les Votes. Aunque para ser justos, no puedo acotar tanto el origen de estas exaltaciones populares.
Muchos han intentando adjudicarles un calificativo, aspirando a enmarcarlos en una taxonomía propia de aquellos crédulos del pensamiento frío e impersonal, supuesto revelador del germen del levantamiento. Pero lo cierto es que las falacias se han relevado una tras otras, en una carrera exasperante por llegar el primero a meta, creyendo la entelequia de que ése sería el ganador de la revolución.
Quisiera en la medida de mis posibilidades, mostrar el verdadero abolengo de estos movimientos, o mejor dicho, reproducir a modo de Génesis lo que unos y otros han escrito en su particular libro.
El movimiento No Les Votes fue fruto en un primer momento del abogado Carlos Almeida, quien el día uno de febrero del presente año gestó el sitio web www.nolesvotes.com. Tuvo a bien remitir esta página a los que a partir de este momento serán las cabezas más visibles del movimiento: Ricardo Gallí, Enrique Dans y Julio Alonso (podéis ver el video aclaratorio grabado a Gallí y Dans), quienes gozan de ser personalidades ampliamente reconocidas en la red de redes.
Entre ellos brotó un flujo constante de opiniones y pareceres, que con la inminente aprobación de la Ley de Economía Sostenible (compendio en el que se incluye la ‘Ley Sinde‘), sufrió un espaldarazo inusitado. No obtante, nadie sabía nada de aquello. De hecho, consideraron no contarlo más que a allegados, decisión avalada por todos, con la excepción de Ricardo Gallí, quien mostraría a un grupo de gente en León la idea. Solo obtuvo una respuesta sincera, proveniente de un concejal del PSOE en esa localidad:
“Pero eso es injusto, váis a castigar a gente que trabajamos muchos en los ayuntamientos y comunidades y que no tenemos nada que ver con la ley Sinde ni la corrupción.”
La verdad es que seguía siendo una idea vaga y mediocre, que en realidad carecía de fundamento. Con el objetivo de remediar esa insuficiencia, el día catorce de febrero se vuelven a reunir de forma virtual los mentados protagonistas, quienes tras varias horas de trabajo dan a luz este texto.
Con paso débil el manifiesto empieza a hacerse un hueco en Internet, logrando el respaldo de un grupo cada vez mayor de ciudadanos. La ‘Ley Sinde‘ fue el catalizador perfecto.
Por esta misma razón, el punto álgido se produjo con la aprobación ministerial de la ley, el día diecinueve de marzo de este año, con el previo apoyo parlamentario de PP, PSOE y CiU. Ellos son el objeto de la consigna No Les Votes.
Parecía evidente que la plataforma empezaría a perder fuerza conforme pasasen los meses, en este sentido, no supuso ninguna sorpresa. Pero aún quedaban cosas por decir.
Recuperó de forma inverosímil la presencia en la red, actuando como crisol de otros movimientos de malestar social. Hasta tal punto, que el día quince de mayo un grupo más o menos numeroso se reunió en la Puerta del Sol en señal de protesta. Sin embargo, el seguimiento por parte de los medios de comunicación tradicionales fue prácticamente anecdótico, es probable que fueran los medios internacionales quienes alentaran el interés de los medios propios por la situación acaecida.
Este suceso ha de considerarse clave en el desarrollo de la concentración, ya que a mi parecer, aumentó el malestar de los indignados al ver cómo sus acciones carecían de relevancia nacional, lo cual acabó llevándoles a despreciar a los medios de comunicación. Este rencor aún pervive en ciertos núcleos del movimiento, que siguen mostrándose esquivos e incluso violentos con televisiones, periódicos y otros.
De forma simultánea, la concentración se vio respaldada por otros grupos de supuesta generación espontánea, es el caso de Democracia Real Ya. Un nombre que finalmente relevaría a No Les Votes, no por hacer gala de un planteamiento político mucho más profundo (que ciertamente sí es más considerable que el de su precedente) sino porque evitaba la promoción del abstencionismo, aspecto que le inculcaba un valor pernicioso a nivel público.
Hasta aquí llega el primer artículo sobre el movimiento del quince de mayo. El próximo irá desde el último punto tratado, hasta la conclusión real de la situación con la emisión de voto el domingo día veintidós.