We need to remember the value of nothing. It’s like breathing: you can’t inhale all day.We need to learn to make peace with the information we don’t know, to embrace the zeroes, to relearn the pleasures of hunger, need, interruption, restraint. We need to work up our ignorance muscles. We need to organize our internal absences to create meaning. We are responsible, in other words, now and forever, for our own deletionism.
Necesitamos recordar el valor de la nada. Es como respirar: no puedes inhalar todo el día.
Necesitamos aprender a sentir tranquilidad con la información que no sabemos, a abrazar la nada, a volver a aprender el placer del hambre, de la necesidad, de la interrupción, de la moderación. Necesitamos trabajar hasta los músculos de la ignorancia. Necesitamos organizar nuestras ausencias internas para dar sentido. Somos responsables, en otras palabras, ahora y siempre, de acabar con todo lo que es innecesario.
(traducción propia).
Ojalá fuera tan fácil, pero creo que es cierto que debemos empezar a imponernos la necesidad de sólo trabajar y vivir por y para lo esencial.
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El martes pasado publiqué un artículo (o más bien una cita) que titulé: “Palabras certeras“. Fue mi primera incursión pública en un programa del que se ha empezado a hablar bastante, no es ni más ni menos que 1Password.
En primer lugar, creo que hace uso de un nombre muy descriptivo y es que efectivamente, consiste en recordar tan solo una contraseña. De hecho, en la página oficial del producto el eslogan es: “Have you ever forgotten a password?” o en castellano: “¿Has olvidado alguna vez una contraseña?“. Es decir, se trata de un programa que almacena todas tus contraseñas y nombres de usuario. Pero en realidad, no se queda ahí y de hecho ése no era motivo suficiente para que un inconformista como yo se decidiese a comprarlo, porque además de todo lo expuesto, tiene la útil peculiaridad de permitirte crear nuevas contraseñas con un nivel de seguridad que imposibilita a cualquiera poder hackear tu cuenta allí dónde se encuentre. Y si lo consiguiera, bien directamente o indirectamente (como ha ocurrido en tantos ataques a Sony e Inteco), al menos mantendrías la tranquilidad de saber que el “ladrón” tan sólo dispone de una de tus múltiples y diferentes contraseñas.
Y he ahí la clave del asunto, ¿usas la misma contraseña para sitios distintos? La respuesta del común de los mortales es sí, y entonces, estás perdido. Imagina que tienes la mala suerte de ser la vícitima de un ciberataque, con sólo contar con la información de una cuenta es probable que tenga en su haber la información de muchas otras, suponiendo que la contraseña y el usuario sea el mismo. Ese problema queda completamente anulado con 1Password que además, guarda su base de datos siempre en tu ordenador y mediante encriptación AES, a la que accederás mediante la inclusión de una contraseña que previamente has determinado, y con un poco de suerte, será diferente y única con respecto al resto de todas las que tenías.

Al constatar que 1Password guarda base de datos a nivel local, podemos prescindir de la intranquilidad de no saber muy bien en dónde se guardan los datos y por si fuera poco, librándonos en un 99% de los ataques que generalmente se dirigen contra grandes empresas. No obstante, y aunque tener las contraseñas en el ordenador es muy útil, cada vez son más los que se conectan a Internet a través de dispositivos portátiles y tienen la necesidad de disponer de sus contraseñas también desde su teléfono móvil o tablet. Igualmente esto ha sido solucionado, gracias a Dropbox y su servicio de almacenamiento en la nube, que permite a los usuarios disponer de los datos necesarios en donde quieran que estén, los cuales se harán disponibles a través de la aplicación de 1Password para iPhone, iPad y Android. Si bien es cierto que la empresa creadora, Agile Bits, tiene predilección por el ecosistema Mac, también cuentan con su correspondiente versión de 1Password para Windows, facilitando a prácticamente todos los usuarios el acceso al programa.
Lo peor llega ahora, cuando os cuento que la aplicación para Mac cuesta 29,99$ y la correspondiente versión para iPhone y iPad 9,99€ (sólo hace falta comprarla una vez para uno de los dos dispositivos y dispondrás gratuitamente de la versión optimizada para el otro). No obstante, desde mi experiencia os recomiendo ampliamente la inversión porque hay veces que no tomar medidas de seguridad puede salir excesivamente caro.
No permitas que tu información sea accesible a cualquiera.
Artículo completo¡Se ha quedado usted colgado en el pasado siglo!, me reprochó Pat. No, en el XIX, rectifiqué: en el XX mis colegas de oficio tecleaban en su Remington o su Olivetti. ¡Es usted una reliquia del pasado, un verdadero carcamal! Me temo que sí, admití, soy alérgico a las nuevas tecnologías. ¿No le interesa Internet? ¡Está fuera de mi pobre capacidad de escriba! ¿Cuánto tiempo le lleva componer un artículo de dos folios? Unas cuatro o cinco horas según el tema y mi grado de concentración; luego, el día siguiente corrijo el texto y lo paso a limpio. ¡Qué pérdida de tiempo, señor novelista; yo redacto mi ciberdiario en cuestión de minutos!
[...]
No tuve más remedio que inclinar la cabeza: sí, mi temática es muy restringida. ¡Usted se veda la posibilidad de extenderla a todos los temas de actualidad!; ¿podría escribir, por ejemplo, un artículo sobre Tíbet o el conflicto fronterizo entre Eritrea y Etiopía? Yo se lo redacto en menos de 20 minutos, y me baso en datos completos y demostrables. Puedo informar a los lectores de mi blog tanto del problema kurdo, como del separatismo tamil en Sri Lanka o las maras de El Salvador y mil cosas más. ¡Me he convertido en un especialista en todo porque Internet me lo permite!
(Texto extraído del artículo: Especialista en todo de Juan Goytisolo.)
No es baladí la crítica que hace este barcelonés en el diario El País.
De hecho, es una reflexión que llevo interiorizando desde hace tiempo y que he intentado escrutar con celo. Quiero decir, que Internet es una fuente de información tan rica y accesible que puede llegar a embriagarnos de información, hasta el punto que empecemos a ver borrosa la realidad y como el perfecto ignorante, creamos poder hablar de todo. Sin embargo, no es más que una deformación sistemática de la realidad acuciada por la inmediatez y fulgor de una sociedad absurdamente decadente. ¿Cuántos blogs y páginas web están llenas de información inútilmente replicada de otras fuentes, sin un procesamiento y discernimiento mínimo?
No debemos equivocar el anhelo que nos empuja a todos por saber lo máximo posible sobre el mayor número de temas con el hecho de tener un conocimiento universal. Normalmente mantienen una relación de proporcionalidad inversa, un avezado estudioso suele mantenerse cauto y prudencial a la hora de mostrar su opinión taxativa, aun siendo la cuestión planteada concerniente al área del saber en la que sobresalga. Es nuestra obligación evitar la superficialidad cuando estemos dispuestos a aprender algo. Máxime cuando queremos escribir sobre ello, porque el problema no es sólo el de influir en un grupo mayor o menor de personas sino que practicado este ejercicio por demasiados individuos, ultima en la balcanización y destrucción del conocimiento real del mundo.
Es la paradoja de una era que acerca a los hombres la mayor herramienta de comunicación y divulgación jamás conocida, un arma de alcance insondable que puede llegar a abrumar y a atontar a sus usuarios. Deriva ello en una situación de regocijo por el conocimiento -infantil- de disparidad de temas, realizando la máxima de Nietzsche de saber todo de nada y rechazando la aserción socrática de “sólo sé que no sé nada”.
¿Cuántas horas diarias perdemos vagando en un huracán de información sin destinar ese tiempo al aprendizaje real?
Es el momento de parar y aprender o sino, poco a poco iremos empobreciendo el conocimiento y nuestra comprensión, hasta el punto, que todo, en realidad, sea nada.
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- Los líderes empresariales se hacen, no nacen.
- El espíritu empresarial no está basado en una sólo decisión.
- Las tres barreras principales al éxito empresarial son:
- la financiación
- el personal
- el conocimiento
- Toda empresa puede aprender de líderes empresariales.
A partir de las conclusiones de la consultora Ernst & Young.
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Hace tiempo que observo un error gramatical cada vez más común en los usuarios de la lengua, defecto que se ve magnificado en la era de Internet y la utilización de herramientas de comunicación como páginas personales y blogs. No obstante, he de señalar que la influencia inglesa en este punto es determinante, ya que la confusión deriva de la inconmensurable fuerza con la que cuenta esta lengua.
Ateniéndome a la Nueva gramática de la lengua española, publicada en el año dos mil nueve, las iniciales que componen las palabras de los títulos de obras literarias, artísticas y culturales, siguen las mismas reglas de ordinario, es decir, nunca se escriben en mayúscula, con la única excepción de los nombres propios. Esta regla, es constante en todos los idiomas latinos, como son el español, francés, italiano, portugués y muchos otros que hayan tenido cierto influjo del latín. A continuación propongo varios ejemplos que pueden aclarar la disyuntiva:
Entre el cielo y el suelo.
Memorias de África.
El gran Gastby.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
Es por tanto, que la única excepción aparece en la lengua de Shakespeare (incluso el alemán sigue la regla latina). En este idioma, las iniciales de casi todas las palabras se escriben en mayúscula, con la singularidad de que sólo se escriben en minúsculas las preposiciones de corta longitud, si no forman parte de los llamados verbos frasales. Quiero decir con esto, que en esta lengua se escribe con mayúsculas siguiendo la siguiente regla:
Y por exclusión, se escribirán en minúsculas las palabras cortas y de poca importancia como artículos, conjunciones coordinadas y preposiciones, con la prerrogativa de las preposiciones de más de cinco letras que por convenio suelen escribirse con mayúsculas.
Los siguientes títulos ratifican el método antes expuesto:
People Are People.
Best Of (“of” mayúscula por ser la última palabra, aun siendo preposición).
Eye in the Sky.
Out of Africa.
Ojalá que este pequeño artículo sea lo suficientemente útil para que mis compañeros de blogosfera no duden nunca más a la hora de poner un título.
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