“Cada día sabemos más y entendemos menos.”
A. Einstein
Nos encanta la información. Mostramos fascinación cuando indagamos más y más en aquello que capta nuestra atención, pero esto no es nuevo, la pasión es condición humana intemporal. Las nuevas tecnologías han llegado para satisfacer la insaciable necesidad de saber, Internet abre un camino sin retorno al más vasto conocimiento.
Desde 2005 somos testigos de que esta realidad ha aumentado exponencialmente, con la venida de las redes sociales, la información —ya no sólo de tipo sapiencial— ha copado las mejores horas de nuestros días. En Twitter se genera una media de 600 tweets por segundo, alcanzando el récord el 5 de octubre de este año con la muerte de Steve Jobs, fecha en la que se produjeron más de 10.000 tweets por segundo. El 28% de los poseedores de un iPhone —y cuenta en Twitter o Facebook— entran en una de estas redes sociales antes de salir de la cama por la mañana. Hábito que se repite durante el período nocturno, ya que al menos la mitad de los usuarios de lo social se acuesta comprobando su actividad en las respectivas redes y muchos vuelven a hacerlo si se despiertan durante la noche. 1
No debemos perder de vista que el problema no sólo nos afecta a quienes somos sinceros adeptos de las redes sociales, sino también a muchos otros que sin dar importancia a la presencia social online no pueden abandonar la necesidad de estar “conectado” a los diversos medios de comunicación, digitales o no. La avalancha de información es imparable, desde la primerísima hora de la mañana somos susceptibles de absorber el máximo posible de noticias. Comenzamos el día enchufados a la televisión y las últimas nuevas, continuamos con el repaso de los periódicos y revistas más influyentes. Los blogs tampoco se escapan de nuestro interés. Multitud de datos inconexos luchan por ser lo suficientemente atractivos para hacerse un hueco en nuestra rutina. En el fondo, es un estilo de vida basado en saber poco de muchas cosas y en el desprecio de un conocimiento más profundo y real.
El problema no se limita solamente a un conocimiento más constreñido, sino también a una vida quizá más mediocre. Dejar que la vida online cope lo mejor de nuestra vida “real” es un atentado contra nosotros mismos. Las horas de sueño se reducen al mismo ritmo que empeoran y colmamos nuestra mente de ideas que no conducen a ningún conocimiento más importante.
Tal vez esta situación responda no sólo a una nueva coyuntura social (un desarrollo tecnológico y comunicativo sin precedentes), sino también a un empeoramiento en la capacidad de introspección personal. No señalemos únicamente a quienes se pasan interminables horas delante de una pantalla de ordenador, además, hay muchos otros que intentan llenar un vacío interior con contenidos de dudosa calidad. Se trata de quienes ante una imparable ociosidad se dan al consumo masivo de programas de televisión deleznables. En el fondo se trata de una válvula de escape para un problema que todos —en mayor o menor medida— compartimos: la insatisfacción personal. Postrar nuestros problemas y nuestras ambiciones para momentos más proclives es abandonarse definitivamente, no hay mejor momento que el actual para realizar lo que debes hacer.
Ante tal exceso de información y la consecuente intoxicación a la que estamos sometidos, sólo veo dos posibilidades factibles:
En primer lugar, es la oportunidad de oro de los periodistas, de quienes realmente han sido preparados para seleccionar y crear información de calidad. Tienen ante sí (si saben cómo enfrentarse a la nueva era) una gran responsabilidad, empezar a hacer el trabajo que el resto no estamos capacitados. Yo mismo sería feliz si pudiera recibir diariamente un número máximo (digerible por otra parte) de noticias e información de interés real. Si pago por que alguien solucione un problema mecánico en un coche, ¿cómo no iba a pagar porque alguien me evite el problema de seleccionar la información que necesito? Sería una labor mucho más integral de lo que conocemos hoy en día a través de los periódicos, gestionaría tanto las redes sociales como las noticias. Sería el esfuerzo combinado de la capacidad intelectual humana con las oportunidades que crean el nuevo entorno digital.
Se trata de sólo tener que “enfrentarse” a la información en el momento que uno esté dispuesto a hacerlo, sabiendo que no son piezas de información más que prescindible.
En segundo lugar, no podemos apelar más que a nuestra responsabilidad individual. Es el momento de que retomemos las riendas de nuestra vida y abandonemos la pereza y la facilidad por aquello que pueda llenar (esta vez sí) nuestra vida de sentido. Que Twitter, Facebook y la televisión no sean la prioridad en nuestros momentos libres, sino que un buen libro ocupe este lugar. Debemos aprovechar las oportunidades que tenemos para aumentar nuestro saber y utilizar el entorno digital como lanzadera a este conocimiento real y verdaderamente imprescindible. Todos tenemos algo que aportar a Internet, dicho de otra manera, todos tenemos algo que aportarnos unos a otros, pero es nuestra obligación hacerlo sirviendo a la verdad y sin desviarse de la intención primera: crecer como personas para desarrollarnos como civilización.
1. Estudio realizado por Retrevo. ↑
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Bien sé que apenas le he dedicado el tiempo que debería al blog, todo comenzó allá por principios de septiembre. Pero es que el cambio ha sido grande e inesperado, mis cavilaciones no eran más que un irreal boceto de lo que estaba por llegar.
Y aunque parezca mentira, los exámenes también están en el descansillo, a punto de llamar a la puerta. Por eso, no tengo más remedio que apartar todo de mi mesa y tan solo ocuparla con libros, apuntes e ideas. El blog, las redes sociales y todo lo demás han de avanzar hacia el banquillo.
Nos volvemos a ver allá por finales de Diciembre.
Sed felices.
Artículo completoDomingo 20 de noviembre, 12.30 horas. Aún no se vislumbra vencedor electoral, y ni falta que hace.
Hoy es un día grande para la democracia, para la revitalización de nuestro país. Día de cambio o de continuidad, pero día de reivindicación.
Porque la democracia es esencialmente la posibilidad de elegir, decidir y respetar. Hemos visto cómo nuestra sociedad ante su imparable decaimiento no se ha quedado quieta observando su propio derrumbe. Hay quienes tomaron las calles e inicialmente tomaron también el apoyo mayoritario de la sociedad. Pero fue flor de un día.
Quienes justificaron sus quiebros a la democracia, dicen haberlo hecho en pro de ésta. Y siguen siendo tan osados como para adjudicarse el título de representantes del pueblo. Su campo de distorsión nos hizo ver la realidad como aquello que ellos proclamaban, pero no era más que verdadero engaño. La democracia es en primer lugar lo que la comunidad elige, si no les satisface podrán rebatirlo pero nunca despreciarlo, si se consideran demócratas. Si realmente quieren un funcionamiento más eficiente de la democracia, han de utilizar la propia democracia como medio, valerse de argumentos y luchar por ellos.
Ahora bien, no se puede ser demócrata a tiempo parcial. O estás dentro o estás fuera.
No estoy tratando la conveniencia o no de la democracia, que parafraseando a Churchill «la democracia es el peor de los sistemas; excluyendo todos los demás», sino la banal hipocresía de quienes se les llena la boca de democracia y libertad, y al mismo tiempo, blasfeman sobre un resultado electoral que no ha tenido lugar. Quienes sólo entienden la libertad como algo unidireccional, en vez de algo de imposible acotación. Hablan de pluralidad y desarrollo pero sólo si satisface su adoctrinamiento.
Nota: el título hace referencia a esta campaña electoral.
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