Cada día sabemos más y entendemos menos.

A. Einstein

No hemos hecho nada y el mundo se está desmoronando. →

Publicado Por el 9 ago, 2011

Interestantísimo artículo en Tax Research UK, siento sinceramente que sólo esté disponible en inglés pero cito y traduzco la siguiente cita:

Nothing has been done to regulate tax havens, which not only deprive governments of tax revenues but also make financial regulations more difficult. Once again, we could have eliminated or significantly weakened tax havens by simply declaring that all transactions with companies registered in countries/territories that do not meet the minimum regulatory standards are illegal.

No se ha hecho nada para regular los paraísos fiscales, que no sólo desproveen a los gobiernos de ingresos provenientes de los impuestos sino que también hacen más difícil la regulación financiera. Una vez más, podríamos haber eliminado o haber reducido significativamente los paraísos fiscales, simplemente con haber declarado que todas las transacciones con compañías registradas en países/territorios que no cumplen los estándares de regulación mínimos son ilegales.

(traducción propia).

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Enfréntate al problema una vez y líbrate de él. →

Publicado Por el 9 ago, 2011

It’s an old-fashioned piece of productivity advice, and something that I’ve done in the past, but it works.

Deal with something once. Do it now. Then it’s off your mind, and you can fully focus on the next matter.

Es un consejo de productividad pasado de moda, y algo que hice en el pasado, pero funciona.

Enfréntante al problema una vez. Hazlo ahora. Entonces, estará fuera de tu mente y podrás centrarte en el siguiente asunto.

(traducción propia).

Getting Things Done es un método para mejorar la productividad diariamente. He hablado varias veces de ello y en la actualidad (viviendo en la Era de la Distracción) es de los pocos sistemas que siguen siendo eficaces.

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El porqué del fin de Europa, la confirmación de la decadencia.

Publicado Por el 2 ago, 2011

Ser de izquierdas es, como ser de derechas, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral.

José Ortega y Gasset

La civilización europea se ha instaurado en la zozobra intelectual y moral, de tal manera, que el relativismo y las formas alternativas de espiritualidad han ido paulatinamente destruyendo la auténtica identidad de Occidente. Es por esta razón, que no me sorprende sino más bien me avergüenza, cómo algunos librepensadores proponen un debate (somero, indocumentado y carente de rigor) sobre el porqué del declive europeo.

El planteamiento puede abordarse desde varios puntos de vista, todos, resultan con un denominador común: la mediocridad asumida por el conformismo de esta sociedad. El simple hecho de plantearse la cuestión, ya denotaría cierta profundidad de pensamiento, pero lo cierto es que hace tiempo que nadie se lo propone en los términos correctos y adecuados, casi con toda seguridad por miedo a la hipócrita actitud de lo políticamente correcto. En realidad, este escarpe atiende a causas morales e intelectuales. La economía es el reflejo práctico (cónfer: “Aristóteles: Ciencias prácticas y teóricas”) de lo que los griegos entendían por ciencia teórica: la moral. Si hoy el riesgo de la deuda soberana de nuestro país ha sobrepasado los 400 puntos, es una prueba más de la falta de confianza internacional. Si el mercado interbancario tiene la menor actividad desde que existen registros, no es por otra razón que por la ausencia de esta confianza y no como se suele argumentar, por un supuesto déficit económico.

Por lo tanto, resulta meridianamente claro que la confianza entraña una necesidad mucho más básica y sustancial entre los seres humanos que cualquier otro bien intercambiable. Si se pierde este valimiento, cualquier resultado económico es, por muy sonoro que parezca, [dolorosamente] prescindible. No ha muchos años (permitidme esta evocación a Miguel de Cervantes) desde que se impulsó desde Europa la necesidad de crear una constitución común, que sin ser una norma fundamental de un Estado soberano (como debería serlo por definición), constituyese una especie de compendio que recogiese los puntos unitivos de todos los estados miembros. En este documento, se obvió por completo el origen grecolatino y cristiano de Europa y por ende, de todo Occidente. Decía Hugo Ojetti: “El desprecio del pasado o es ignorancia o es miedo”, y  aplicando la Navaja de Ockham (“En condiciones iguales la respuesta más sencilla es la correcta”) no con poco atrevimiento consideraré que nuestros representantes pecaban de exceso de ignorancia. Ojalá.

Esto nos lleva al siguiente punto clave en la decadencia europea, que viene fuertemente empujada por el fin del espíritu intelectual de esta colectividad. Si no fuera suficiente el rechazo a las propias raíces, la voluntad estética ha dejado de brillar con luz propia. La noble intención de conmover de la que hacía gala el arte, ha sido reemplazada en todas sus vertientes por la provocación más chabacana. En días anteriores aparecía en varios periódicos la ¿noticia? de que una actriz abandonaba la dirección del Festival de Teatro Clásico de Mérida, esta decisión, parecía explicarse por la polémica surgida alrededor de una foto en la que se mostraba un Cristo desnudo y con una estampa de El Cristo de Velázquez pegada en los genitales. Ante el aireamiento de esta polémica, Blanca Portillo (la directora de este festival) aseguraba “es muy triste tener que retirar una fotografía” mostrando una vez más esa doble moral relativista de la que gozan nuestros artistas. Aunque lo cierto es que no deja de ser paradójico que un gran sector de la sociedad clame por la retirada de crucifijos de todas las instituciones públicas (he de decir que lo hacen de forma legítima y con mi más sincero respeto, pero sin mi apoyo) y después varios representantes de estos movimientos vayan pegando estos Cristos allá donde pueden.

Porque la pérdida de una cosmovisión compartida, de una forma común de entender la vida y lo que pueda o no venir tras ella, genera una fricción a la larga insoportable para la sociedad. Como alternativa surgen diversas hechuras espirituales, que no son más que un reemplazo del vacío que supuso individualmente abandonar la antes universal comprensión vital. Nos disfrazamos de falso respeto y proclamamos la aceptación de cualquier tipo de vida, pero no son más que frágiles vestiduras. Esta farsa es sostenible mientras que el nivel medio permite continuar con ella, pero es con el empeoramiento de la calidad de vida cuando la fricción se convierte en topetazo. La verdad es que toda relación interpersonal tiene implicaciones más profundas de lo que jamás imaginemos, ya que tal vez, el deterioro de la economía (que como sostengo ha detonado la creciente incomprensión ciudadana), no sea la causa de esta situación sino la consecuencia.

Otra vez me he alargado en demasía, y auguro pocos lectores a esta entrada (confirmando la tesis expuesta), pero eso no diluirá mi ferviente anhelo de una sociedad más integrada, con un espíritu más crítico y sin miedo a las cuestiones últimas de la vida, porque por dolorosas que sean, son consustanciales a este don. Si alguien no ha encontrado suficientes motivos para comprender el decrépito funcionamiento de nuestra sociedad, es con toda seguridad sólo culpa mía, porque son aún muchos más los motivos que sostienen esta reflexión.

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